
Un Miércoles por la tarde.
-Sabes- Dijo Lorena, mientras caía suavemente la tarde sobre el horizonte pintándolo en suaves tonos azules, ocres y naranjas degradados hacia un negro que comenzaba a motearse de estrellas -Tengo algunos días pensando en ti-
-Yo también- dijo Lucas inocentemente sin comprender lo que decía Lorena.
-¿De verdad?-
-Sí, deberíamos salir un fin de semana, tu esposo, la niña cuando regrese, tu y yo…-
Lorena comenzó a ignorarlo, miró por la ventana enrojecíendose sus ojos sin comentar nada. El final del viaje fue cordial, pero no hubo una palabra más.
Lucas sabia lo que pasaba, pero prefería mantenerlo en secreto, ese día, quedó sentado frente a la ventana mirando como llovía y el gato del vecino de lamía las patas, mientras frotaba sus dedos como sí contará algo.
Tenía muchos debates morales al respecto, sentía un poco de culpa, ahí estaba él, involucrándose con una mujer casada, como el viudo desesperado, en búsqueda de sexo fácil, cuando en realidad y sin pedirlo, como muchas cosas en la vida, fortuitamente apareció Lorena, y coincidentemente resulto que le gustaba la charla con él, y a él con ella.
Comenzó a darse cuenta que estaba muy cerca de enamorarse de ella, de que era poco el tiempo en el que se veían pero era de calidad, se preguntaba si Lorena también lo ve así, o solo era su compañía mientras su marido trabajaba.
Pensaba en posibles contestaciones a las ficticias acusasciones del marido rabioso y cegado por los celos, las miradas incriminantes de la gente despedazandolo, en el dolor que le causaría a una pequeña de apenas 5 años de edad.
Esa noche se fue a dormir, mientras se quedaba dormir escuchaba un lejano murmullo, pensando que eran los ruidos agradables de la ciudad que arrullan a los citadinos, ignorando que Lorena estaba discutiendo con su esposo.
Al día siguiente, pensó en preparar el desayuno favorito, croassants con mermelada de arándanos y café de Veracruz, esperaba que todo se mantuviera igual que antes, como si fuera un loop interminable de cosas agradables para sobrellevar las cosas, salió al pasillo y ya estaba esperándolo con el elevador abierto, los ojos hinchados, Lucas dio los buenos días sin encontrar respuesta, esta vez no la saludo con un beso en la mejilla, se sentía un poco incomodo por lo que había pasado la tarde anterior, la miro y le dijo -prepare algo especial para el desayuno.-
Lorena le contesto con una bofetada y se soltó a llorar y antes de que el se llevará la mano a la mejilla para aminorar el dolor con el típico masaje, ella le afirmo -!IDIOTA¡- Lucas se sintió avergonzado a lo que dijo -Lamento que mi compañía…- y sus palabras fueron ahogadas por un beso.
Mientras sus labios se fundían ambos sintieron calor, como si el elevador se desplomara, como la emoción que sientes cuando te arrojas a una alberca y sientes como poco a poco te envuelve el agua hasta cubrirte y perder el aire y ahogarte pero no te importa por que la emoción de sumergirte te embriaga, de esa manera ambos caían a una emoción nueva, nunca antes sentida, no podían comprenderlo, de pronto se separaron y se miraron a los ojos, ella lo tomo del brazo y salieron hacía la estación del tren, donde a la menor provocación de quedarse solos era una oportunidad para volverse a besar, los lapsos en los que no podían hacerlo, se intercambiaban caricias y suaves roces de manos.
Se despidieron con un te quiero y un abrazo, Lucas sintió de nuevo el calor del sol sobre su cara que no paraba de sonreír.